domingo, 3 de diciembre de 2006

Me equivoqué

Creía que ya no existían, pero cual toro de Osborne aparecen donde menos te lo esperas. En dos recientes viajes en tren ,a una ciudad del norte del país, me he encontrado con un ejemplar de cada. El primero se montó en Córdoba y alardeaba de que él mismo levantó no sé qué fábrica y que era sindicalista de los buenos, de los que recibieron palos de los grises en cantidad. A todo esto no paraba de fumar Marlboro en el baño, piropear a las jóvenes, peinarse continuamente y dar clases de sociología a los viajeros. El segundo fue en un viaje nocturno, un amargao al que su mujer ha despachao a su pueblo natal para que no dé más porculo ya. En ese pueblo natal al que ahora va a por chorizos "los mejores de la sierra sevillana" según el personaje sólo residen hijosdeputa que odian a los que emigramos hace 20 años a hacer una Andalucía más grande. Dos caras de la misma moneda ,la emigración, dos restos arqueológicos de otros tiempos que aún no han terminado del todo...

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