jueves, 28 de diciembre de 2006

En un oscuro andén...

...de una estación perdida, allá por la Mancha, se encontraba, a las tantas de la madrugada, el viajero incansable que siempre busca lo que encuentra lejos de su casa. Los kilómetros de traqueteo, mal olor y conversaciones sin interés alguno habían hecho mella en su ya deteriorada cabeza. Huía, pero no de lo que dejaba atrás sino de lo que se encontraría al llegar a su destino. Por eso se bajó antes de tiempo, intentando retrasar la llegada al infierno. Allí se sentó, pidió café en el lúgubre bar mientras que el borracho camarero hablaba con la puta del pueblo, refugiada allí según su costumbre. Se tomó el café y se fue otra vez para el andén, mientras veía cómo se alejaba un periódico gratuito mecido por el viento oyó pasos. Era bajita, aspecto hippy, ojos colorados de llorar y estaba desorientada. No había más bancos en la estación y fue a sentarse a su lado. Seguía llorando, le ofreció un pañuelo y le dio un abrazo. Le había seguido sin que él lo supiera, nunca más se separarían.

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