domingo, 7 de agosto de 2016

Iron Maiden - Wacken 2016 (comentario)

He podido ver a Iron Maiden en esta gira con un pase de prensa y rechacé la invitación. Tras haberles visto una vez en directo me juré que jamás volvería a hacerlo. El decepcionante The book of souls no solo no me convenció sino que me confirmó lo que siempre pensé de la banda. Recuerdo como con la entrada de Dickinson en el grupo editaron The number of the beast, Piece of mind y Powerslave en tres años. Después vino Life after death y la EMI, que tanto se gastó en promocionar a la banda en las revistas españolas, comenzó a levantar el pie del acelerador en lo que a promoción del grupo se refiere.

Teniendo en cuenta que antes del primer disco de los citados Judas Priest ya habían editado, por poner dos ejemplos, Sin after sin y Unleashed in the east, no hace falta que os recuerde que Maiden nunca se han caracterizado por arriesgarse o por cambiar el curso de la historia de la música. Sus parámetros sonoros plagiaron a bandas como Wishbone Ash o Thin Lizzy y el resto ya es historia. Y, retomando el hilo, ahora nos encontramos con una banda que encabeza Wacken 2016 con un concierto que pudimos ver por internet y que nos dejó un sabor de boca más que amargo.

Porque ni los temas del último disco enganchan, ni los antiguos son interpretados como antaño. Se entiende que la enfermedad de Bruce ha mermado su ya casi extinta capacidad vocal pero los mítines entre canciones, los saltos, las bromas con Adrian Smith y una falta de profesionalidad tremenda no son de recibo. Y es que solo Harris y Gers parecen estar vivos sobre el escenario. Murray a lo suyo, Smith está más viejuno que nunca, McBrain con su típico cachondeo y Dickinson pues terminó el concierto haciendo el payaso.

Quizás tengan más sentido del humor que Priest, quizás lleven más muñecos, más luces y más de todo pero la cara de Harris al final del concierto lo dice todo. Amenazan con volver en 2017 por lo que a ver si alguien les comenta que una cosa es estar en la cima del metal y otra hacer un concierto en un festival tan importante como si estuvieran en el salón de su casa. 

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